viernes, 17 de junio de 2016

Paseando a Bailee [4]

Hace un par de días, mientras paseaba a Bailee, tuvimos que someternos, de manera totalmente inesperada, a la ITP. Es decir, una Inspección Técnica Perruna. No os asustéis. No es ningún examen que tengáis que pasar de forma obligatoria. No. De hecho, es bastante surrealista.

Resulta que estaba yo agachada en el suelo, sujetando a Bailee, que estaba sentada delante de mí. Es que tenía el día tonto y era necesario calmarla para poder continuar (pero ya va mucho mejor, ¿eh?). Y, de repente, se acerca a nosotras una señora y se agacha a nuestro lado.

Yo, como estoy aprendiendo a mantener la calma, sigo a lo mío. Hasta que empieza a tocarle el collar antiparasitario y a meter los dedos entre él y el cuello de Piecito de Bailee. 


—Ah, está bien puesto —dice, justo antes de hacer lo mismo con el arnés.

Yo a esas alturas ya me había quedado a cuadros, como podréis comprender. Y justo cuando estaba a punto de pedirle que me ensañase su placa de inspectora de accesorios perrunos, se levantó. Pero no se fue. ¡No! ¿Cómo iba a irse y dejarnos en paz?

—Es un cachorro.

(¿Ah, sí, señora? Fíjese que no me había dado cuenta. Pensé que estaba paseando un zapato.)

Pero en lugar de decir nada, la miro con cara de póker.

—Tienes que dejarla suelta. Suéltala. Dale libertad. Ya verás qué bien.

—Los perros no necesitan la libertad de ir sueltos por la calle —le digo yo, con la mejor sonrisa que sé fingir.
(Lo que necesitan es hacer ejercicio, que se les pongan límites y se les dé cariño.)

—Que sí. Si es igual que mi perra. Hay que dejarles sueltos.

Al final, claro, como no se iba, nos tuvimos que ir nosotras. Porque lo de discutir ya no va conmigo. Pero mientras me alejaba seguía oyéndola darme instrucciones sobre cómo pasear a mi perra. Porque era igual que la suya. Y deben ir sueltos por la calle.


Y hablando de ir sueltos… Creo que nunca os he hablado de nuestra mejor amiga del parque. O quizá sí. Ella es una de esas señoras que el primer día que nos vio se acercó a coger a Bailee en brazos y después se ofendió porque le dijimos que no lo hiciera. Pero claro, esa gente no suele darse cuenta de que no es bien recibida y tiende a quedarse a tu lado comiéndote la oreja. Ella, tras poner cara de vinagre, nos preguntó que si no pensábamos dejar a Bailee suelta.

(Aquí hago un inciso para comentar que nuestro parque no es un parque para perros. Es un parque normal de barrio. Cutrecillo. Bastante sucio. Con un montón de puertas que dan directamente a la carretera. Y que obviamente están abiertas. Además, como es un parque, hay niños jugando, ancianos paseando y, a veces, carpas de partidos políticos.)

El caso es que le decimos con toda nuestra educación que no, que es un cachorro, que está aprendiendo a pasear y que hace poco tiempo que está con nosotros (que también le podíamos haber dicho simplemente «porque no», pero bueno).

—Pero tenéis que soltarla. No se va a ir.

(Porque ella, que acababa de ver a Bailee por primera vez hacía dos minutos conocía de sobra su comportamiento, sus miedos y todo lo demás.)

—Además tenéis que ser su referente. ¿Y por qué no dejas la correa en el suelo y la pisas? Bla, bla, bla…

Total, que otra vez, por no seguir discutiendo, nos tuvimos que ir.

La siguiente vez que la vimos, vino otra vez directa. Pero en cuanto se acercó un poco dijo: «Ah, que es el señor que no quiere soltar a su perro». Pero no se fue. Por supuesto que no.

Bailee estaba tranquilamente jugando con otro cachorro. Sin meterse con nadie y sin tener ninguna limitación por ir con correa. Si tenemos que correr a su lado, corremos, sin ningún problema (no como ella, que suelta a su perro y se desentiende completamente porque lo que le interesa es charlar con el resto de dueños). 

El caso es que la señora se quedó a nuestro lado, explicándole a la dueña del otro cachorro que es que «pobre perrita, si no la suelta. Está sufriendo… etc.».

Reconozco que ahí me calenté y reaccioné muy mal, porque puedo tragar mucho, pero no que me digan que estoy maltratando a mi perra. Así que otra vez nos tuvimos que marchar, porque yo todavía no había entrado en mi etapa antidiscusiones y saqué la borde-gritona que llevo dentro. La próxima vez pienso tirar de ironía para responderla. O de frases de Los Simpson tipo «yo pensaba que el poli era como una prostituta».


Por cierto, llevamos con Bailee dos meses en casa y durante ese tiempo nos hemos encontrado dos perros corriendo asustados por la calzada. Al primero, aun estando un buen rato intentándolo, no logramos cogerlo. Al segundo sí pudimos retenerlo hasta que llegó su dueño un rato después, gritando y regañándolo por haberse ido.

Qué bien eso de dejarlos sueltos en sitios que no están preparados para ello, ¿eh? :)

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